A pesar de los avances que nuestro país está realizado en materia de igualdad aún queda mucho camino por recorrer, uno de los puntos que más nos está costando atacar y erradicar es la violencia que se ejerce contra las mujeres, en los últimos años ha sido visibilizado a través de los medios de comunicación, y se han llevado a cabo cambio a nivel legislativo e institucional para intentar atajarlo.
 
La prevención cobra un papel fundamental para atajar esta lacra que asola nuestro país, pues la violencia que se ejerce sobre y contra las mujeres se basa en la construcción que se va tejiendo en interacción con el medio familiar, social, educativo y cultural sobre los rasgos atribuidos a la masculinidad o a la feminidad.

La educación y por ende la escuela y sus actores se convierten en un factor clave a la hora de exponer y suprimir prejuicios y estereotipos erróneos sobre las interrelaciones personales y sociales.

Actualmente los chicos son mucho más conscientes de la injusticia que antes, aunque muchos siguen creyendo que no es un problema directamente relacionado con ellos y son las chicas quienes deberían hacer algo para solucionar el problema, de este modo se alejan de una situación donde son actores fundamentales de perpetuación o cambio de la misma, escudándose en que han sido educados de ese modo.

Por otro lado a las chicas les cuesta mucho más detectar o llegar a verse como mujeres que sufren situaciones de desigualdad por cuestiones de género, llegando a normalizar e incluso justificar circunstancias y comportamientos que en realidad comportan actitudes violentas. 
Es por ello que dependiendo de cómo se defina la conducta y la realidad que están viviendo, estarán más o menos expuestos a la violencia directa y a aceptarla o no como algo natural o irreversible frente a lo que no pueden hacer nada.

Se hace por tanto imprescindible poner de relieve de una forma clara, concisa y reconocible para nuestras y nuestros adolescentes las situaciones de vulnerabilidad y violencia que tanto unas como otros puedan estar ejerciendo y tolerando, a fin de que su reconocimiento lleve a su condena y a un cambio de pensamiento y actitud que devengará en un futuro igualitario.
 

El principal objetivo que se persigue con Sal del nudo del acosoes la detección, reconocimiento y condena de actitudes, pensamientos y lenguaje que, de manera inconsciente, provocan y sostienen situaciones de desigualdad y violencia entre las/os jóvenes.

Aprender a detectar situaciones de violencia simbólica, aquella que se ejerce a través de patrones culturales y de la imposición del género, como pueden ser la no apropiación del cuerpo, el sentimiento de culpa y la vergüenza, el terror sexual o la dependencia emocional.

Desmitificar la idea del amor romántico que favorece la desigualdad.

Poner de relieve prácticas interpersonales legitimadas por el entorno social que enmascaran formas de violencia que no son denunciadas ni condenadas (el machismo invisible y los micromachismos).

Aprender y conocer el uso y abuso que se realiza de las nuevas tecnologías y cómo ha influido en el ejercicio de la violencia contra las mujeres.

Dar a conocer la existencia de cauces e instituciones a los que acudir para hacer entender al entorno social y familiar la situación que se vive y encontrar el apoyo para salir de ella sin sentimiento de culpabilidad ni vergüenza.

El proyecto cuenta con la colaboración del Centro de Estudios de la Mujer de la Universidad de Salamanca (CEMUSA) y de la profesora Soledad Murillo de la Vega, siendo coordinado por la Dra. Ruth Alvarado Sánchez, experta en género y violencia.

Electra Teatro Universitario colabora con la parte más artística del proyecto: la creación y representación de la micro-obra “Blanca y Carlos”.

 

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